Telephasa
Todos conocen la historia del Minotauro.
Una bestia nacida de una maldición.
Un monstruo encerrado en un laberinto.
Una criatura alimentada con jóvenes sacrificados hasta que el héroe Teseo llegó para matarla.
Pero quizá la historia nunca ocurrió de esa manera.
Su nombre era Asterion.
Nació con los cabellos blancos, los ojos azules y la sangre del magnífico toro que Poseidón hizo surgir del mar. Pasífae lo amó desde el instante en que lo sostuvo entre sus brazos, pero el miedo, la vergüenza y las mentiras de Minos terminaron convirtiendo a un niño diferente en el monstruo que Creta necesitaba que existiera.
Encerrado en el Laberinto, Asterion descubrirá que incluso una prisión puede convertirse en hogar.
Porque las doncellas que supuestamente desaparecen entre sus muros no encuentran una bestia sedienta de sangre, sino a un gigante solitario que cultiva la tierra, habla con los animales, construye refugios con sus propias manos y solo desea ser amado.
Con los años, el corazón del Laberinto se llenará de mujeres, hijos, flores y risas. Y cuando finalmente llegue Teseo empuñando su espada, tendrá que decidir qué clase de héroe desea ser.
Pero la muerte del Minotauro quizá tampoco sea el final de esta historia.
Más allá del mar existe una isla que no aparece en ningún mapa, donde sirenas cantan entre los acantilados, ninfas habitan los ríos, cíclopes trabajan el hierro y un toro blanco gobierna bajo la protección de Poseidón.
Esta es la historia que los hombres no contaron.
La historia del monstruo que jamás quiso ser monstruo.
La historia de Asterion.