Alexander cada día desahogaba sus penas escribiendo en su diario. Alexander cada día resistía para no deslizar el cutter sobre su piel. Alexander se sentía nervioso por la insistente mirada de uno de sus compañeros. Rodrigo sentía una curiosidad por el chico callado que se sentaba al final de la clase. Rodrigo quería descubrir por qué cada día aparecían nuevas heridas en la piel de Alexander. Rodrigo quería leer el cuaderno que Alexander cuidaba con recelo de todos. Rodrigo poco a poco trataría de meterse en la piel de Alexander y lucharía porque sus labios fuesen los que se paseasen por la piel de él.
Rodrigo conseguiría que ese diario dejase de ser de un suicida.
Ardía por dentro.
Por el hielo que rodeaba su corazón.
Su piel fría.
Por el fuego que habitaba en su interior.
El invierno recaía sobre ambos.
El fuego los consumía lentamente.
Un corazón de hielo.
Un alma en llamas.
*Primera parte de la Bilogía Fríos.*
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(SE RECOMIENDA DISCRECIÓN)
-solo era una apuesta-dijo sin expreción alguna en su rostro
-una apuesta? Todo esto fue solo una apuesta?
-Si
-Ian, yo te amaba... solo fuí una apuesta para ti- y ya estaba llorando otra vez- Eres un maldito hijo de
Se acercó a mi rápidamente y me besó con desesperación