lar_avtrf23
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El viento arrastraba ceniza sobre las piedras negras.
En la cima de una colina olvidada, el príncipe Aerion Targaryen observaba las llamas consumirse lentamente dentro de un cuenco de hierro. La anciana frente a él no parecía temerle. De hecho, lo miraba como si ya conociera cada uno de sus pecados.
-Los dragones no han desaparecido -susurró la bruja-. Solo duermen... esperando a quien despierte su sangre.
Aerion no creía en profecías.
Creía en el poder.
Pero aun así preguntó:
-¿Y quién lo hará?
La mujer sonrió. Una sonrisa extraña, como si estuviera viendo algo mucho más allá de aquel momento.
-No es de este mundo.
El príncipe frunció el ceño.
-Entonces no existe.
-Existe -respondió ella con calma-. Y vendrá.
El fuego del cuenco se agitó violentamente.
Por un instante, entre las llamas, Aerion creyó ver una silueta de una mujer con cabello plateado.
-La reconocerás -continuó la bruja-. Porque su sangre llamará a los dragones... y tu destino quedará atado al suyo.
Aerion guardó silencio.
Si aquello era verdad...
si realmente existía alguien capaz de cambiar el destino de los dragones...
entonces la encontraría.
Aunque tuviera que incendiar los siete reinos para hacerlo.
Porque cuando un Targaryen desea algo...
el mundo entero termina ardiendo.
Y en otro tiempo.
En otro mundo.
Una joven se inclinaba sobre un escritorio lleno de hojas, corrigiendo el guion de una historia sobre dragones, príncipes y profecías... sin saber que muy pronto despertaría dentro de ella.