santrago
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Más que una historia de amor,
este libro es un recordatorio:
hay personas que llegan cuando el alma ya no espera nada...
y aun así, el universo las envía.
No todas vienen para quedarse.
Algunas solo pasan: dejan una mirada, un silencio cómplice, una risa que se cuela en los días grises... y se van.
Pero aunque se vayan, nunca se marchan del todo.
Porque sus huellas quedan en cómo volvemos a mirar el mundo, en cómo aprendemos a sonreír sin miedo, en cómo, por primera vez, sentimos que merecemos ser vistos.
Esta es la historia de un chico invisible:
alguien que aprendió a desaparecer para no ser lastimado,
que guardaba sus palabras como tesoros enterrados,
y que un día conoció a Luna.
Ella no lo salvó.
Pero lo vio.
Y en ese gesto simple -mirarlo cuando él solo miraba sus pies-
le devolvió algo que creía perdido: la certeza de que existía.
Luna no era un final feliz.
Era un antes y un después.
Una luz que no prometía quedarse,
pero que iluminó lo suficiente para que él aprendiera a caminar solo.
Porque algunas personas no llegan para amarnos...
llegan para recordarnos quiénes somos.
Y a veces, eso es más valioso que cualquier "para siempre".