Silvano Casas ha muerto y su único hijo tan solo puede limitarse a recordar antiguos momentos de erotismo y resentimientos desatados por la presencia de Álvaro Novoa, el que en su día fue el amigo más íntimo de su padre.
Una recopilación de huesos descompuestos y carroña humana. Una recopilación donde más de uno se perdió en el camino y no fue capaz de reencontrarse a sí mismo. Donde más de uno torció el rumbo y le escupió a su cara trastornada en el espejo.
Ah, como apesta a sangre y a humo aquí abajo. Pronto se incendiarán estos cadáveres con el alcohol de la alacena.
[Una serie de cuentos sin orden alguno.]