Suli_2701
- Reads 709
- Votes 83
- Parts 17
Jennie y Lisa se conocieron cuando el mundo todavía era pequeño.
Jennie era la típica niña de cuna dorada: uniformes impecables, chofer esperándola a la salida, una casa demasiado grande para una sola infancia. Todo en su vida estaba diseñado para que no le faltara nada... excepto algo que nadie sabía nombrar.
Lisa, en cambio, venía de otro tipo de realidad. Más simple, más ruidosa, más honesta. Entró a su vida como entran las cosas que no estaban planeadas: sin permiso, sin avisar, pero con la capacidad de quedarse.
Nadie entendía cómo Jennie, con su mundo perfectamente armado, terminó sentándose al lado de una niña que no encajaba en ese paisaje. Pero lo hizo. Y desde entonces, no se separaron.
Jennie decía que Lisa era su amiga. Solo eso. Una amiga.
Pero en la práctica, Lisa era la única constante en una vida donde todo lo demás era demasiado fácil de cambiar.
Con el tiempo, crecieron juntas... o al menos así se sentía desde afuera.
Jennie creció rodeada de excesos. Fiestas, luces, nombres nuevos cada fin de semana, risas que duraban lo mismo que una copa llena. Siempre había alguien tomándole la mano, alguien prometiendo quedarse, alguien jurando ser especial... hasta que dejaba de serlo.
Y entre todo eso, Jennie siempre regresaba a Lisa.
No como se regresa a un amor.
Sino como se regresa a casa sin darse cuenta.
Lisa lo sabía. Siempre lo supo.
Sabía cuándo Jennie desaparecía sin aviso, cuándo volvía oliendo a madrugada ajena, cuándo se reía de cosas que Lisa no entendía del todo. Sabía que no era la única. Nunca lo fue.
Y aun así, se quedaba.
Jennie la trataba como amiga, con esa naturalidad cruel de quien no se detiene a pensar lo que provoca.
Le contaba de sus excesos como si fueran anécdotas sin peso, como si las personas no dejaran huella.
-"Cuando llegue mi persona favorita, todo esto va a cambiar" -
decía Jennie a veces, mirando el techo o el reflejo de algún lugar donde no quería quedarse demasiado