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Sofía no llegó a Chivas buscando una historia que contar, llegó para trabajar, para aprender, para demostrar que podía hacerse un lugar en un mundo donde casi todos parecían conocerse desde antes.
Armando González tampoco estaba buscando nada, pero entre entrenamientos, conferencias, partidos y conversaciones que empezaron por trabajo, ambos terminaron encontrando una rutina que nunca se molestaron en definir.
No eran novios tampoco eran solamente amigos, eran besos que no necesitaban explicaciones, mensajes que podían llegar a cualquier hora y una tensión que ninguno tenía prisa por nombrar.
Hasta que Armando recibió una oportunidad que lo llevaría lejos de Guadalajara y entonces aquello que nunca habían querido definir tuvo que enfrentarse a algo que ninguno de los dos había previsto, la distancia.
¿Qué haces cuando tienes que despedirte de alguien que nunca fue oficialmente tuyo?