AngelGalax01
El silencio pesaba como una condena.
Izuku podía oír su propia respiración rebotando en las paredes, entrecortada, asustada, como si cada exhalación pudiera delatarlo.
Pero él ya lo había encontrado. Siempre lo hacía.
-¿Por qué sigues intentando huir, Izuku? -la voz sonó cerca, serena, demasiado tranquila para la locura que escondía-. ¿No entiendes que allá afuera nadie te espera? Que nadie te amará como yo lo hago.
Izuku apretó los puños. Las cadenas tintinearon. Sus ojos buscaban una salida, una grieta, una oportunidad. Pero lo único que encontró fue esa mirada: dos colores que lo habían cautivado alguna vez... y que ahora lo aterraban.
Shoto sonrió. No era una sonrisa amable, era algo más profundo, torcido, casi doliente.
Se inclinó hacia él, despacio, como si temiera romper algo sagrado.
-No tienes que tener miedo -susurró contra su oído-. Ya estás a salvo... conmigo.
Las palabras fueron un veneno dulce que se mezcló con el aire húmedo de la habitación.
Izuku sintió cómo el corazón le golpeaba el pecho con violencia, entre miedo y rabia.
Cada intento por liberarse solo parecía hacerlo reír.
-Quiero mi libertad... -murmuró, con la voz quebrada.
El silencio volvió.
Luego, el sonido del cerrojo al cerrarse.
Shoto se quedó de pie frente a la puerta, con la mano aún sobre el picaporte, observando cómo Izuku lo miraba con desesperación.
-Ya la tienes -respondió en un susurro-. Eres libre de amarme. Y no pienso dejar que lo olvides.
Afuera, el viento golpeaba las ventanas. Dentro, la locura se volvía amor... y el amor, una prisión.