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En un mundo donde lo normal es la regla inquebrantable, donde lo extraordinario solo existe atrapado en las páginas de un libro de fantasía o en los efectos especiales de una película de ciencia ficción, vivía un joven atrapado en la inercia de la cotidianidad. Su existencia era un ciclo monótono de mañanas grises y tardes de estudio, observando con una mezcla de envidia y resignación cómo el tiempo se deslizaba entre sus dedos como arena fina. Se sentía un simple espectador, una sombra sentada en la última fila del teatro de su propia vida, viendo a otros alcanzar metas mientras él permanecía estático, temeroso de un futuro que avanzaba a paso firme sin esperarlo. El peso de no saber qué hacer con su vida lo asfixiaba; sentía que el mundo exigía respuestas que él aún no tenía el valor de formular.
Una tarde, mientras el sol se ocultaba tras los edificios, un hombre de aspecto inusual y presencia magnética apareció de la nada. Sin previo aviso, entabló una plática que parecía casual, pero que calaba hondo. El joven, sorprendido por su propia vulnerabilidad, comenzó a desahogarse. Las palabras fluyeron como un torrente contenido por años: habló de sus miedos, de la presión de un futuro incierto, de cómo sentía que la vida se escapaba sin dejarle tiempo para pensar en sus propios deseos. El desconocido escuchaba en silencio, con una mirada que parecía conocer todos los rincones del cosmos. Tras un largo intercambio de sentimientos y verdades desnudas, el hombre se puso de pie, le dedicó una sonrisa enigmática y se despidió, perdiéndose entre las sombras de la calle.
A la mañana siguiente, la realidad cambió para siempre. No hubo una transición lenta, sino un giro del destino. El joven despertó y recibe algo muy especial que lo atrapo y todos sus secretos el sabrá con super poderes el cambio y ahora es algo más.