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Hay personas que aprenden demasiado pronto que la vida puede romperse en un solo instante.
Laia Martí lo descubrió cuando un accidente de tráfico le arrebató a sus padres. Desde entonces, escondió su dolor tras una sonrisa, convencida de que ese vacío la acompañaría para siempre.
Su padrino, Marc Cucurella, y su madrina, Claudia, le dieron un hogar y una familia cuando más lo necesitaba. Sin embargo, ni todo el cariño del mundo podía llenar la ausencia que llevaba dentro.
Hasta que llegó un verano que lo cambiaría todo. Porque, a veces, las personas aparecen cuando menos las esperas y terminan convirtiéndose en aquello que nunca supiste que necesitabas.