Lynn_alvarez
El fútbol nunca había sido solo un deporte para Alexander Navarro. Era su refugio, su identidad, la única certeza en una vida marcada por ausencias. Desde que tenía memoria, el balón había sido su compañero más fiel
A los veintidós años, Alexander ya era considerado el mejor defensa central de México. El Halcón, lo llamaban. Un jugador que leía el juego como si tuviera un mapa del futuro en la cabeza, que anticipaba los movimientos del rival antes de que siquiera los pensaran. Su velocidad, su inteligencia táctica, su capacidad para aparecer en el momento justo y en el lugar preciso lo habían convertido en el amuleto de la suerte de las Chivas, en la promesa del fútbol mexicano.
Pero también era un hombre de murallas. Detrás de la sonrisa que vendía revistas y comerciales, detrás de las celebraciones que coreaban los estadios, se escondía alguien que había aprendido a no confiar.
Y entonces llegó Edson Álvarez.
El capitán de la selección, el jugador que había hecho carrera en Europa, el hombre que parecía tenerlo todo. También era 9el que lo humilló en un partido amistoso cuando Alexander apenas tenía diecinueve años, el que nunca le perdonó que un "niño" lo hubiera dejado en ridículo frente a todo el mundo.
Pero en la concentración de la selección, a semanas del Mundial, el odio comenzó a mostrar sus grietas. Las provocaciones de Edson dejaron de ser solo eso; cada insulto, cada mirada desafiante, cada roce accidental cargaba una tensión que ninguno de los dos entendía. La línea entre el odio y el deseo se volvió borrosa, y los muros que Alexander había construido con tanto esmero comenzaron a tambalearse.
Pero Alexander no podía dejar que eso pasara. No podía volver a confiar. No podía volver a ser vulnerable. Porque estaba el Mundial, y el Mundial era su sueño, su único sueño, la única razón por la que había soportado todo. Y el amor, el amor era una distracción.