barbarasmorenoc
Dicen que el atardecer es la prueba de que los finales también pueden ser hermosos, pero para Calum, el sol ocultándose siempre ha sido un recordatorio de lo que se pierde. Él un bajista, con pulso invisible, el ritmo que sostiene la melodía sin reclamar el centro del escenario. Vive en las sombras de los acordes, cómodo en el anonimato de la luz dorada, hasta que ella regresa.
No es el típico reencuentro cargado de promesas vacías; es el choque de dos realidades que han cambiado demasiado. Entre conversaciones a media luz y el eco de una nostalgia que duele, ambos descubrirán que el amor no siempre es un estallido de colores, sino la calma de saberse acompañado cuando el frío de la noche empieza a calar.