GracyeJM
Tres nuevos superiores han llegado al ejército militar de la FEMICC, y con ellos, el equilibrio que alguna vez sostuvo a la institución comienza a resquebrajarse. No son hombres comunes. Son presencias que imponen, que dominan, que arrastran consigo una aura casi divina, como si hubiesen sido esculpidos a imagen de antiguos dioses griegos... pero corrompidos. Su belleza no es pura; es peligrosa. Es el tipo de belleza que no se contempla, se padece. Aquella que despierta pensamientos prohibidos, que se filtra bajo la piel y se enreda en la mente hasta convertirse en una obsesión imposible de ignorar.
Él no llegó a Londres por casualidad. Tiene un objetivo claro, frío, perfectamente delineado, y cada paso que da está calculado con precisión. No hay espacio para errores, ni para emociones. O al menos eso es lo que se repite. Un nombre que pronto deja de ser solo un sonido y se convierte en un eco constante dentro de su cabeza. Su presencia no es escandalosa; es silenciosa, hipnótica, peligrosa a su manera.
Freiya, sin saberlo, comienza a caminar sobre una línea invisible donde el peligro y el deseo se entrelazan. Cada encuentro, cada cruce de miradas, está cargado de una tensión que no necesita palabras. Es un juego silencioso, oscuro, donde el control cambia de manos sin previo aviso. Porque él no solo la observa... la estudia. La analiza como si fuera un enigma que necesita descifrar, mientras dentro de él algo más primitivo, más retorcido, comienza a despertar. No es amor. No es atracción simple. Es una necesidad que roza lo obsesivo, lo destructivo. Un impulso que amenaza con consumirlo todo. En medio de ese caos contenido, entre lo que se desea y lo que se debe evitar, surge una conexión que no debería existir. Porque mirarlo a él es entender, incluso sin palabras, que representa todo aquello que debería evitarse: la tentación, el exceso, el límite que no se debe cruzar. La invitación constante a perderse. Y aun así...