falla123blanck
- Reads 1,414
- Votes 78
- Parts 2
Astrid Ravenwood no vivía en un cuento, sino en una cuenta atrás. Su realidad se limitaba a los espacios iluminados, a evitar los rincones donde la luz no llegaba y a fingir que el pasado de su madre era solo eso: pasado. Saint Helora, sin embargo, no aceptaba simulacros. La universidad no era un centro de estudios, era una bestia de piedra diseñada para recordarle, en cada sombra y en cada pasillo gótico, que ella era la pieza que faltaba en un rompecabezas muy oscuro.
Allí, el aire pesaba de otra manera. Los estudiantes no eran solo jóvenes privilegiados; eran depredadores refinados que olían la falta de linaje en su piel como si fuera sangre fresca. Astrid caminaba entre ellos como una mancha de tinta en un lienzo inmaculado, consciente de que cada susurro y cada mirada cargada de desprecio era un recordatorio de su vulnerabilidad. No eran dagas metafóricas, era el peso real de una jerarquía que la quería fuera de juego.
Pero el verdadero peligro no estaba en los uniformes impecables ni en las sonrisas arrogantes del comedor. Estaba en la mesa principal. En los ojos de los Ashworth, que la diseccionaban con una precisión quirúrgica, y en esa atmósfera pesada que dejaba como una herida abierta.
Atrapada en esa jaula dorada, Astrid comprendió que no estaba allí por una beca. Estaba allí porque alguien se había cansado de esperar en las sombras. Cada sombra que se arrastraba bajo su cama de dosel, cada pelea de pasillo y cada vez que esos chicos la miraba, la empujaban hacia una verdad que su madre había intentado enterrar. En Saint Helora, la oscuridad no era un concepto poético; era un depredador con nombre propio que finalmente la había acorralado.
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS©