Antonella-8102
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En las profundidades olvidadas de Playtime Co., donde las luces fluorescentes parpadean como ojos moribundos y el aire huele a plástico quemado y secretos podridos, hay una caja de cristal que nadie se atreve a mirar demasiado tiempo.
Dentro de ella, sentada con las piernas cruzadas sobre un cojín desgastado, una muñeca de cabello rojo intenso y ojos azules demasiado grandes observa el vacío. Su vestido rosa está impecable, como si el tiempo no la hubiera tocado. Sonríe, siempre sonríe, porque así la diseñaron. Pero si te acercas lo suficiente -si tienes el valor de presionar la oreja contra el vidrio frío-, podrás oír un susurro apenas audible que se repite como un mantra roto:
«Todo fue por mi culpa... todo fue por mi culpa...»
Hace muchos años, antes de que la fábrica se convirtiera en una tumba de juguetes vivientes, antes de la masacre que tiñó los pasillos de rojo y de humo púrpura, antes de que el Prototype extendiera sus extremidades mecánicas sobre lo que quedaba del mundo... hubo una mujer.
Una mujer hermosa, caprichosa, privilegiada.
Una mujer que lo tenía todo y aun así quiso más.
Una mujer que, por puro aburrimiento, rompió el corazón de quien más la amaba.
Una mujer que mintió, manipuló y condenó a un hombre inocente a convertirse en el monstruo que ahora reina en las sombras.
Esa mujer se llamaba Poppy Ludwig.
Y esta es la historia de cómo su egoísmo encendió la mecha que quemó la fábrica entera.
De cómo un acto de traición insignificante se convirtió en una cadena de horror que atrapó a su padre, a su amante, a su hijo... y finalmente a ella misma.
Porque en Playtime Co., los juguetes no olvidan.
Y los monstruos nunca perdonan.
Bienvenido al infierno que Poppy creó.
Aquí, nadie juega limpio.