Azaind
En un mundo que se mueve al ritmo que otros si alcanzan, Kook vive en una frecuencia distinta: la del silencio y la lógica fría. Para él, la vida es un mecanismo que no sabe ensamblar y el amor, un concepto abstracto que no puede medir con sus manos, aunque estas siempre estén manchadas de la sangre de los sótanos de Ventura.
Jimin, envuelto en una oscuridad perpetua tras un accidente, es el único que parece poseer el mapa de lo invisible. Mientras Kook le presta sus ojos para describirle los atardeceres rosados sobre las montañas Topatopa, Jimin le presta su alma para enseñarle que sentir es más importante que entender.
Esta es la historia de un hombre que no sabía cómo vivir, y de otro que, sin poder ver, le enseñó hacia dónde mirar. Es el relato de un sacrificio silencioso, de un primer beso bajo el zumbido de un tocadiscos y de la búsqueda desesperada de una luz que, para uno de ellos, solo se encendería cuando el otro se apagara.