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En el tranquilo pueblo de Ashwood, rodeado por vastos bosques, la comunidad había vivido en armonía con la naturaleza durante décadas. Sin embargo, un verano particularmente seco y caliente cambió todo. Los incendios forestales arrasaron, dejando detrás solo cenizas y desolación. Entre los escombros, Ana, una joven bióloga, descubrió que la devastación podía ser una puerta hacia la innovación y la sostenibilidad.