RaulPereyra1
QuizĂĄs por haber nacido en el corazĂłn de la selva montielera siempre me llamaron la atenciĂłn los arboles, recuerdo aquellos algarrobos centenarios que rodeaban el rancho donde pase la infancia. Hoy ya nada queda allĂ, salvo las palmeras de yatay solitarias, roceadas con glifosato. En el andar por los caminos de la vida me encontrĂŠ con un ĂĄrbol asomado al balcĂłn del ayer y que me motivo el siguiente relato