erisarago
Cuando era pequeña, el amor tenía una sola forma: simple, ligera, casi inocente. Amar era dejarse llevar, sin miedo, sin etiquetas, sin preguntas.
Pero crecer cambió las reglas.
Hoy, amar parece un laberinto.
Si sientes demasiado, eres "intenso".
Si luchas por alguien, eres "migajero".
Si dudas o te proteges, eres "tibio".
En un mundo que juzga cada forma de sentir, el amor dejó de ser libre... y comenzó a clasificarse.
Ahora, en pleno 2026, amar ya no es solo amar. Es medir, contener, aparentar, sobrevivir.
Por eso, sentir demasiado se ha convertido en un acto de valentía...
en un arte.
Un arte hermoso, sí,
pero también cruelmente incomprendido.