Tras la muerte de su hermano, Adrián pasa las noches sentado en un banco frente al metro, observando una ciudad que nunca se detiene. Allí conoce a Valeria, una desconocida que también carga con su propio dolor. Entre conversaciones y silencios nace un pequeño refugio en medio del caos. Pero algunas heridas llegan demasiado tarde para sanar.