En este cuento corto de dos partes se nos muestra como una simple consulta a la guardia de un sanatorio puede convertirse en el peor de los infiernos, justo en una fecha tan especial.
No es bueno estar solo en diciembre.
Ella está ahí, criticando el delineado corrido de la terapeuta, sacando cuentas de su sueldo y sugiriéndome que me robe la caja de pañuelitos. Porque si vamos a estar locas, al menos que sea rentable.