malticeees
Hay paredes que no se ven y aun así encierran más que cualquier muro de piedra. Ella aprendió a medir el aire de cada habitación antes de respirar, a existir lo justo para no llamar la atención. Hasta que descubrió que, al otro lado de la calle, alguien también estaba aprendiendo a estar solo.
Entre miradas que se cruzan sin querer y palabras pegadas al cristal, dos personas que nunca se han hablado empiezan a hacerse compañía sin saber muy bien qué es lo que están construyendo.