VersosCallados
Nadie supo cuánto la quise...
Ni siquiera ella. O sí. Pero de ese modo que se sabe y se calla, como quien mira al sol con los ojos entrecerrados.
La amé en voz baja, con la delicadeza del que no quiere molestar, pero no por eso con menos intensidad.
Le ofrecía tanto... y quizá ella no sabía qué hacer con tanto.
A veces pensaba que mi amor era como un regalo envuelto con demasiadas capas. No todos tienen paciencia para abrir algo que parece exagerado desde afuera.
Ahora, mientras espero mi vuelo en un aeropuerto cualquiera, pienso que quizá debería dejar de escribir sobre ella. Pero entonces me pregunto:
¿Quién soy yo si no el que la quiso sin ser querido?