EliaHervera
EL CAFÉ DE LAS DOS DE LA MAÑANAEl legado de un amor que congeló el inviernoPor: SALOME H.DEDICATORIAA mi padre, mi cómplice fiel y mi eterno refugio. A la memoria del hombre a quien el cáncer se llevó demasiado pronto, pero cuyo amor incondicional jamás podrá ser borrado. Fuiste mi mapa y mi escudo; hoy eres la luz que descongela mi invierno.A tu memoria, que habita en el aroma del café de las dos de la mañana y en el calor que me devolvías después de cada tormenta. Este libro es para ti, papá, porque tu amor me enseñó que soy suficiente y porque, aunque tu guitarra guarde silencio, tu música sigue sonando en mi alma.Capítulo 1: El Invierno del AlmaEl silencio de la casa no se interrumpe con el ruido de los juguetes ni con los pasos de la familia que construí. Es un silencio interno, un desierto congelado donde mi corazón dejó de latir con fuerza hace mucho tiempo. Estoy rodeada de amor visible, pero por dentro soy solo un fantasma que observa su propia vida a través de un vidrio.Todo empezó a oscurecerse el día que él se fue. Mi padre. Él no era solo mi origen; era mi mapa, mi escudo contra el mundo, mi cómplice fiel que descifraba mis tristezas con una sola mirada. Cuando sus manos se enfriaron, me quedé a la intemperie. Perderlo fue perder el suelo que pisaba, el único lugar donde me sentía completamente segura y valorada.En medio de ese desamparo, busqué refugio donde no debía. La traición llegó como un golpe seco, un puñal por la espalda que me despojó de lo último que me quedaba: mi dignidad. La infidelidad de quien debía cuidarme me rompió en mil pedazos, dejándome una pregunta maldita grabada en el espejo: ¿Por qué no soy suficiente?Esa herida sangró hacia adentro y se llevó lo más sagrado. El dolor físico y emocional se mezclaron en una tormenta que terminó en un aborto. Sentir la vida extinguirse dentro de mí, en absoluta soledad, fue el golpe final. En esa camilla fría, rodeada de sombras, decidí apagar el