stevenzaac
Yo amé demasiado, como quien entrega las manos completas sin guardarse un dedo para sujetarse a sí mismo. Y perdí. Perdí veces que me enseñaron que algunas despedidas no son finales, son nacimientos. Aprendí a sostener mi silencio cuando temblaba por dentro, a ordenar mis lágrimas en instantes donde nadie las viera, a guardar palabras a las que les falta peso. Aprendí, dentro de todo, que no hay victoria yéndose, sino quedándose para significar algo más.