EmeAndEme
Ema no llegó a Corea buscando empezar una historia de amor.
Llegó para hacer un doctorado, para construir -otra vez- una vida en un país distinto y, aunque nunca lo admitiría con tanta facilidad, porque once mil kilómetros le parecieron una distancia bastante razonable de todo aquello que quería dejar atrás.
A sus treinta años tiene una vida que funciona perfectamente: una investigación que consume demasiado de su tiempo, una mejor amiga que se empeña en recordarle que existe vida fuera de la universidad, un perro llamado Lotus y la certeza de que puede arreglárselas sola.
Hasta que una mañana, durante su ritual de café después de caminar, comienza a coincidir con un hombre demasiado alto que siempre lleva gorra y tapabocas.
Ema no sabe quién es.
Y para Choi San, eso resulta extrañamente fascinante.
Porque San está acostumbrado a ser reconocido antes de poder presentarse. A que una fotografía, un escenario o unos cuantos segundos en internet sean suficientes para que miles de personas crean saber quién es. Con Ema, por primera vez en mucho tiempo, puede ser simplemente el hombre del café de las seis de la mañana.
Pero San sabe algo que Ema todavía no: tarde o temprano tendrá que decirle quién es.
Y cuando sus dos mundos comiencen a mezclarse, querer a alguien dejará de ser solamente aquello que ocurre entre ellos.
Fotografías. Rumores. Cámaras. Historias contadas por desconocidos. Imágenes capaces de parecer irrefutables incluso cuando no cuentan la verdad.
Ema tendrá que decidir si puede confiar en un hombre cuya vida entera parece pertenecer a los ojos de los demás.
Y San tendrá que aprender que protegerla no significa mantenerla fuera de su mundo, sino permitirle conocerlo lo suficiente para decidir si quiere quedarse.
Porque internet puede tener las fotografías. Pero hay cosas que nunca salen en ellas.