PuchadesRodri
El mundo no cambió de la noche a la mañana.
Las calles siguieron llenas de luces, de gente que no miraba dos veces, de vidas que continuaban sin notar lo que existía más allá. Pero para Samuel... todo era distinto ahora.
Había aprendido que no todas las despedidas son silenciosas, ni todas las presencias son visibles. Que hay historias que no terminan cuando el corazón deja de latir, y que algunas conexiones trascienden incluso el olvido.
A veces, en los momentos más tranquilos, aún sentía miradas que no podía ver del todo, ecos de algo que se resistía a desaparecer. Y ya no le parecían una carga.
Porque entender el peso de un alma... también significa entender su valor.
Samuel levantó la mirada hacia el cielo, sin saber exactamente qué estaba buscando.
Quizás respuestas.
Quizás perdón.
O quizás... a alguien que nunca se fue del todo.
Y aunque el mundo insistiera en separar a los vivos de los muertos, él ya sabía la verdad:
Algunas personas no necesitan quedarse... para jamás irse.