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El tejedor, un artista prodigioso cuyas manos capturaban la luz en sus telas, llegó a la corte de la Emperatriz de Oriente y se enamoró perdidamente de ella, ascendiendo con astucia hasta convertirse en su consejero principal; tras resolver todos los enigmas del reino y fracasar estrepitosamente en su intento de aprender música, fue enviado como embajador a tierras lejanas donde, al estallar la guerra, organizó a los desposeídos para defender la ciudad, pero cayó prisionero durante cuarenta años en un calabozo donde perdió su talento y cordura, hasta que el Sultán Malik lo liberó y le reveló que la mujer a quien sirvió era en realidad Valeria, una criminal que había asesinado a la verdadera emperatriz; junto a Malik y a Samara, una guerrera vengativa de belleza incomparable, urdió un plan usando una melodía celestial para embriagar al ejército de Valeria y así escalar las murallas desprotegidas, ejecutando la venganza que le devolvió la dignidad; mientras Samara partió a recorrer el mundo como artista y Malik regresó a gobernar su reino en paz, el tejedor, aunque jamás recuperó su salud ni su destreza original, descubrió en sí mismo una voluntad inquebrantable y se convirtió en un caballero tan bravo que cruzó océanos enteros librando cruzadas, forjando una leyenda que, según cuentan, ningún hombre podrá igualar en este siglo ni en el siguiente.