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Sophia Aguirre juró que jamás se enamoraría de un futbolista.
Creció viendo de cerca el mundo del fútbol y aprendió que la fama, los rumores y las cámaras nunca traían nada bueno.
Armando González solo quería cumplir el sueño de jugar un Mundial con la Selección Mexicana.
Lo último que esperaba era cruzarse con la hija del entrenador.
Todo comenzó con unas carpetas, un empujón y una pésima primera impresión.
Porque a veces el partido más difícil... no se juega dentro de la cancha.