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A ver, hagamos cuentas. Si tu madre es Zatanna y tu padre es John Constantine, genéticamente estás destinado a tener problemas de actitud y un guardarropa lleno de gabardinas. Si a eso le sumas que Bruce Wayne te adoptó y la Bat-familia te enseñó a romper dientes de forma estratégicamente correcta, felicidades: eres yo, Jackson Constantine-Wayne.
Tengo trece años, un sarcasmo que heredé de mi viejo y un ego que apenas cabe en la Batcueva. Ah, y formo parte de la Liga de la Justicia Oscura, porque alguien tiene que limpiar los desastres mágicos mientras los adultos tienen crisis existenciales.
En este momento, mi vida se resume en tres cosas:
Tratar de sobrevivir en un desierto contra Aladdin, que resultó no ser el chico tierno de las películas de Disney, sino una entidad caótica bastante molesta.
Pensar en Raven (sí, la chica gótica de mis sueños, no me miren así, románticos de clóset).
Aguantar la inesperada llegada de Damian, mi nuevo e insoportable hermano de doce años que se cree el dueño del mundo.
¿Poderes? Por ahora solo tengo los recuerdos de combate de los Budas anteriores, lo cual es genial para patear traseros en reversa, pero un dolor de cabeza migrañoso. Nada de magias divinas exageradas por el momento, chicos, vamos empezando la saga.
Así que acomódense, preparen los comentarios y dejen sus votos, porque el viaje del heredero más cínico de Gotham apenas comienza. ¿Lograré que Damian no me apuñale antes de que Aladdin nos convierta en arena? Solo hay una forma de saberlo.