nubec1taaa
En el mundo del fútbol, hay dos reglas que Erling Haaland nunca rompió:
1. No mezclar el corazón con la cancha.
2. No marcar a un omega que juega para el equipo rival.
Hasta que Jude Bellingham apareció.
Uno es el 9 de Noruega, alfa, tormenta nórdica con gol en la sangre.
El otro es el 10 de Inglaterra, omega, elegancia con rizos y una sonrisa que desarma defensas... y alfas.
Entre Champions, clásicos y concentraciones, el "para siempre" parecía fácil. Hasta que la camiseta pesa más que el lazo.
Ahora son rivales. Ahora hay un tercero en discordia con un Bentley y acento inglés.
Y ahora Haaland está a punto de entender que algunas guerras no se ganan con goles.
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