Bruno12434
- MGA BUMASA 72
- Mga Parte 56
Hay amistades que nacen para durar toda la vida, y hay vínculos que el tiempo no hace más que tejer con hilos más fuertes, más finos y más verdaderos. Eso era lo que unía a Roberta Alejandra Reverté Rey y a Diego Alexander Bustamante Dregh: algo que nadie había elegido, que nadie había planeado, pero que el destino mismo había escrito desde antes de que ellos abrieran los ojos por primera vez al mundo.
Crecieron como dos mitades de un mismo corazón, bajo el cielo de la Ciudad de México, viendo pasar los años entre los jardines de sus casas, los pasillos de las escuelas y las reuniones donde sus padres reían juntos, sin saber que esos dos niños que corrían de la mano terminarían siendo el amor más grande de la vida del otro. Para todos, y hasta para ellos mismos durante mucho tiempo, eran simplemente el mejor amigo y la mejor amiga: esa persona que conoce tus miedos más profundos, que ha visto tus lágrimas, que celebra tus triunfos como si fueran propios y que nunca, por nada del mundo, te juzga.
Roberta tenía en Diego el refugio donde no necesitaba ser la heredera de los Reverté, ni la arquitecta brillante, ni la hija ejemplar: solo podía ser ella misma, con sus sueños, sus dudas y esa fuerza que a veces también necesitaba descansar. Y Diego encontraba en Roberta la mirada que veía más allá de su apellido, de sus logros o de lo que el mundo esperaba de él: ella lo entendía como nadie más, como si sus almas hubieran hablado antes de conocerse.
Pasaron por la vida lado a lado, compartiendo cada paso, cada meta, cada plan para el futuro. Y sin darse cuenta, entre risas, consejos y silencios que no necesitaban palabras, esa amistad tan pura y tan sólida empezó a cambiar. Empezó a crecer algo nuevo, algo que los asustaba al principio, algo que no sabían cómo nombrar: una mirada que se quedaba más tiempo, un latido que se aceleraba al estar cerca, un deseo de estar juntos que ya no era solo de amigos, sino de algo mucho más gran