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Desde el primer día que los tenis limpios de Odette pisaron la tierra del patio central, la guerra quedó declarada. Para ella, él era un ranchero igualado y pesado que disfrutaba hacerla sufrir bajo el sol de la madrugada. Para él, ella era una güerita arrogante a la que le hacía falta conocer el valor del esfuerzo.
Lo que ninguno de los dos contempló fue que, entre jornadas pesadas de campo, discos de música norteña sonando a lo lejos, rozones inevitables en la camioneta vieja y discusiones a grito abierto, la distancia entre la ciudad y el rancho comenzaría a reducirse... hasta volverse una atracción peligrosa e inevitable.
Armando "Hormiga " González x Oc