OriSosa9
Ni siquiera a las cuatro de la mañana, cuando las calles húmedas todavía conservaban el brillo de los anuncios de neón y el olor a basura mezclado con café barato llenaba el aire. Desde la pequeña ventana rota de un apartamento viejo en el sur de la ciudad, Angélica Char observaba las luces lejanas de los edificios más ricos como si pertenecieran a otro planeta.