JezabellSuad
Entre montañas silenciosas y valles antiguos, donde la tierra se deja tocar solo por manos pacientes, alguien aprendió que no basta con nombrar las cosas para que sean nuestras. Hay que hundir los dedos en la arcilla, dejar que el frío cale los huesos, aceptar la espera. Porque todo lo que vale la pena -el amor, la fe, los sueños- madura lentamente, como las uvas bajo el sol.
Esta novela no habla solo de una historia de amor, sino de la forma en que el amor transforma. De cómo una mirada puede cambiar el rumbo de una vida. De cómo la ausencia puede ser tan poderosa como la presencia. Y de cómo algunas promesas no se rompen, aun cuando el tiempo y la distancia parecen condenarlas al olvido.
Aquí, el vino no es solo vino.
Es memoria líquida.
Es espíritu.
Es un ángel rojo que cae en la copa para recordarnos que vivir no es pasar por el mundo sin rozarlo, sino entregarse a él con el cuerpo, el alma y el corazón abiertos.
Porque hay historias que no se miden en años, sino en intensidad.
Y hay amores que no terminan cuando se separan los cuerpos, sino cuando se apaga la esperanza.
Esta es una de esas historias.