Bioinformativo
En la región semiárida, el suelo enfrenta limitaciones estructurales que condicionan la productividad. La generación de materia orgánica no depende únicamente del cultivo de cobertura, sino de la combinación entre rotaciones, mayor proporción de rastrojo y desempeño de cultivos estivales. Estos factores interactúan y determinan la cantidad y calidad de residuos que retornan al sistema, configurando una base más resiliente frente a condiciones climáticas adversas.
Las variedades de maíz de polinización abierta mostraron una adaptación destacada en campañas difíciles, incluso sin fertilización química. Su rusticidad, variabilidad genética y posibilidad de multiplicar semilla en el propio campo fortalecen la autonomía del productor. La fertilización con lombricompuesto aportó un efecto cualitativo, estimulando actividad biológica, mejorando infiltración y aumentando biomasa, aunque con impacto mayor en vegetación que en grano.
El análisis de percepciones reveló que cada práctica agroecológica despierta niveles de interés diferentes entre productores familiares. No existe un patrón uniforme de aceptación. Las decisiones productivas se entrelazan con factores económicos, culturales y técnicos. Diseñar sistemas sostenibles en el semiárido implica comprender esa diversidad de miradas y adaptar estrategias que equilibren productividad, autonomía y conservación del recurso suelo.