NadiaVaGo
Cada noche. Quizá al despertar. De ida o de vuelta.
En medio del vagón y en la plaza, en una sala de cine.
A la mitad de una conversación. En la intimidad. En un mensaje que jamás se envió.
Incluso en horas de trabajo.
Donde menos lo imagino vienen pedazos de letras, golpean contra lo que debería ser
imaginación, y nace, nace de todo, o de la nada.
Trozos de poemas escondidos en el teléfono móvil.