Morgan_Fraud
Miguel Expósito lleva diez años contestando a un nombre que no es el suyo.
Resulta que hay un expediente abierto desde 1982 a nombre de un niño que todo el mundo dio por muerto, que ese niño es él, y que en algún despacho nadie se molestó en cerrarlo. Así que a los once años lo mandan a un internado en un acantilado gallego, donde la magia se enseña con varita francesa, el correo lo reparte un duende que cobra en botones, y sus dos apellidos hacen que media clase levante la cabeza cuando pasan lista.
Miguel no sabe quién fue su familia. Ni por qué desapareció. Ni por qué hay alguien en ese mundo que preferiría que siguiera muerto.
Lo que sí sabe, porque ese día estaba atendiendo en clase, es cómo se mata a un cuélebre.