Isabella906665
Hay personas que llegan a tu vida para desordenarla entera.
No porque quieran hacerlo.
Sino porque su sola presencia cambia algo que ya no vuelve a sentirse igual.
Lautaro y Manuel siempre fueron así.
Una mezcla rara entre tensión, orgullo y algo mucho más profundo que ninguno de los dos sabía manejar correctamente.
Nunca fueron simples.
Nunca fueron tranquilos.
Porque incluso en los momentos más normales, siempre parecía haber algo a punto de explotar entre ellos.
Una mirada sostenida demasiado tiempo.
Un comentario dicho con otra intención.
El impulso constante de acercarse... y el miedo automático de hacerlo de verdad.
Se conocen demasiado.
Lo suficiente como para saber exactamente dónde lastimar, dónde provocar y dónde tocar sin siquiera usar las manos.
Y quizás ese es el problema.
Porque cuando alguien te entiende tanto, dejarlo entrar da miedo.
Entre peleas absurdas, silencios incómodos y emociones que ninguno quiere admitir, los dos terminan atrapados en una dinámica tan intensa como imposible de ignorar.
Una donde el enojo se mezcla con la necesidad.
Donde perder el control parece inevitable.
Y donde cada límite que intentan mantener empieza a romperse lentamente.
Porque algunas personas llegan para quedarse.
Aunque hagan un desastre en el proceso.
Y algunas historias... empiezan justo ahí:
en el momento exacto donde seguir fingiendo ya no funciona.