samm_fvck
Nunca supe del todo a quién iba dirigida esta obra.
Quizá a la parte de mí que siempre estuvo desbordada, quizá a la que calló durante años, quizá a la que aún no conozco. Quizá a ti.
Porque hay presencias que no necesitan un rostro para existir, y heridas que no requieren un nombre para hablar. A veces basta un pulso, un eco, un temblor que se arrastra por dentro para recordarte que no estás solo en tu propio cuerpo.
Estas cartas nacieron en ese territorio silencioso donde las emociones no se comportan, donde los pensamientos se desordenan, donde los miedos se vuelven figuras que acompañan como sombras que caminan a tu ritmo. No fueron escritas para sanar, ni para explicar, ni para convencer a nadie de nada. Fueron escritas porque había algo que insistía en no dejarme dormir: la necesidad de mirar de frente aquello que siempre había evitado.
De hablarle a lo que arruinaba.
De nombrar lo innombrable sin destruirlo.
De reconocer en cada dolor un rostro posible.
Aquí no hallarás un cierre cómodo, ni una moraleja, ni un triunfo evidente. Tampoco hay redenciones fáciles ni absoluciones inmediatas. Cada carta vive en su propio abismo, y en ese abismo respira. Algunas se aferran, otras arden, otras susurran, otras solo miran desde lejos. Todas, sin excepción, existen porque en algún momento intenté huir de ellas... y fallé.
No son cartas para entenderme, sino para no seguir negándome.
No son cartas para olvidar, sino para aceptar que olvidar no es siempre un acto posible.
Y no son cartas para ti únicamente, sino también para ese "tú" que cada uno carga en silencio: el miedo, el reflejo, la herida, la duda, la grieta, la voz que todos prefieren callar.
Si las lees, hazlo despacio.
Hazlo como si caminaras por una casa antigua donde cada habitación tiene su propia respiración. Hazlo sin buscar una salida inmediata. Hazlo sabiendo que algunas puertas no se abren y otras no se cierran.