MILLER_A63
Sobre la acera de cien pies,
observando el ir y venir apresurado
de la gente de la ciudad,
el rugido de los motores
pasa inadvertido en mis oídos,
mientras me dejo llevar
tras un hilo de pensamientos.
Luces eléctricas resplandecientes,
letreros urbanos encendidos,
cables de energía tendidos en fila,
tacones altos, elegantes y esbeltos,
zapatos y estilos de jeans
impecables y distinguidos.
Cada quien camina,
cada quien cruza su camino.
Desafiando la inestabilidad del mundo,
se aferran suavemente
a los brazos del amor,
manos entrelazadas,
sonrisas compartidas,
cada uno disfrutando
de su propia felicidad.
El final de un día
para quien está solo
¿es acaso un tiempo interminable?
Me confundo al pensarlo.
Compañía...
solo los pensamientos,
una mesa,
la pantalla del teléfono,
y un corazón que aún sabe sentir
dentro del pecho.
La ciudad como abrazo.