Harvaster
En el Hogar Santa Otilia, al final de un camino que la niebla se come a media tarde, hay cuarenta niños que no hacen ruido. No juegan, no gritan, no lloran. Aprendieron la regla antes que las letras: a los que se portan bien, no les pasa nada.
Vera llega como cuidadora porque necesita el trabajo y no le hace preguntas a la suerte. Su primera noche, una nena le enseña la regla verdadera, la que no dicen los grandes: no llores. El Duskull viene de noche, escucha el llanto como quien sigue un olor, y a los que encuentra se los lleva al otro lado. Nadie vuelve. Nadie recuerda siquiera sus nombres.
Vera no cree en cucos. Hasta que ve pasar el ojo rojo por debajo de la puerta. Y hasta que descubre que "el otro lado" no es ningún cielo ni ningún infierno: es algo que late en el sótano, tibio y translúcido, donde va a parar todo lo que el Duskull se lleva... y donde nada, nunca, deja de estar despierto.
Una historia de horror sobre el miedo como obediencia, la memoria como prisión, y las verdades que son peores que la muerte.