PensadorSudamerica
La corrupción política en Colombia va en ascenso y es permanente en una sociedad que ha perdido sus valores.
Son varias familias de políticos que buscan perpetuarse en el poder, es así como los Char de la Costa, los Saile en Córdoba, los Gnecco en el Cesar, los Zucardi en Bolívar, los Aguilar en Bucaramanga, los Toro en Cali, por mencionar algunos, compran votos, arrebatan tierras a los humildes campesinos, hacen millonarias contrataciones ilegales en obras públicas y asesorías desfalcando al Estado.
Aunque algunos han sido condenados, luego son premiados con penas irrisorias que pagan en la comodidad de sus hogares.
Extienden sus tentáculos haciendo alianzas con otros grupos para mantenerse en el poder.
Ocupan altos cargos en entidades públicas, y desde esa tribuna compran campañas políticas con el dinero sucio, heredando el poder a sus familiares para mantener la hegemonía y el control de las regiones.
En el libro se presenta un análisis sobre el accionar delictivo de estas familias que, aunque en oportunidades se las ha denunciado por los medios de comunicación, que en ocasiones son cómplices, siempre han sabido desviar cualquier investigación en su contra.
Cuando son interrogados por algunos señalamientos que se les hace, manifiestan que son personas éticas, que "le sirven a la nación" y que todo obedece a una persecución política orquestada por sus adversarios.