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En marzo de 1519, la expedición de Hernán Cortés llegó a Cozumel, donde capturaron a Jerónimo de Aguilar, un español que había naufragado y vivido entre los mayas durante ocho años. Aguilar se había mantenido fiel a su fe, mientras que su compañero, Gonzalo Guerrero, se había integrado por completo a la vida maya. Cortés nombró a Aguilar como su intérprete, intrigado por la transformación de Guerrero y su decisión de no regresar a la vida española.