MIMIKIU89
La muerte no llegó con trompetas ni luz. Llegó con silencio, concreto húmedo y una ciudad que siguió respirando sin notar la ausencia de un solo latido. Izuku Midoriya fue un nombre más perdido entre millones, un chico común en un mundo que no sabía qué hacer con los que nacían sin poder.
Sus sueños habían sido grandes, torpes, insistentes. Soñaba con salvar, con ayudar, con estar de pie cuando otros caían. Pero los sueños, cuando no encuentran espacio para crecer, se marchitan sin ruido. La sociedad de héroes levantó estatuas para los fuertes y dejó sombras para los demás, y en esas sombras Izuku aprendió a caminar.
El final llegó sin gloria, sin testigos, sin segundas oportunidades. No hubo manos extendidas ni voces heroicas rompiendo el destino. Solo una decisión ajena, un error mínimo, una coincidencia cruel. Así terminó una vida que nunca tuvo la oportunidad de empezar de verdad.
Sin embargo, la muerte no siempre es un cierre. A veces es una frontera. En el instante en que el cuerpo dejó de sentir, algo más despertó. No fue esperanza ni fe, sino curiosidad, una chispa obstinada que se negó a apagarse. El mundo que conocía quedó atrás, junto con sus reglas, sus burlas y sus límites.
Del otro lado no había promesas claras ni caminos trazados. Solo un espacio vacío, expectante, como si el universo observara en silencio, evaluando. Allí, donde los nombres pierden peso y los destinos se reescriben, una pregunta empezó a tomar forma.
Si un chico sin quirk murió soñando con ser héroe, ¿qué podría nacer cuando ese sueño ya no estuviera atado a su antiguo mundo?
La respuesta aguardaba paciente, lejos de los reflectores, dispuesta a quebrar leyes conocidas y a convertir la pérdida en un comienzo inesperado y peligroso para todos sin excepción.