Iliana30
Las sombras no nacen del vacío; se heredan. Corren por la sangre con la misma firmeza implacable con la que el pulso marca el ritmo de la vida, esperando en silencio el momento exacto para reclamar su lugar.
Mucho antes de que aprendiéramos a nombrar la luz, la oscuridad ya conocía nuestras marcas. Se nos enseñó a temer a las criaturas de la noche, pero nadie nos advirtió que el verdadero abismo no acecha afuera, sino en la profundidad de la propia carne. El poder no busca la justicia; busca un recipiente. Y cuando esa fuerza antigua despierta, la voluntad humana deja de ser la dueña de la casa.
Vi el futuro antes de que las cenizas tocaran la tierra. Me vi suspendida en el aire, flotando sobre un imperio reducido a llamas, atada a un trono de piedra que no pedí pero que me pertenecía por linaje. Desde el fondo del fuego, una voz dulce intentaba alcanzarme, llamándome como una melodía de la mañana que prometía salvación. Quería correr hacia él, pero mis manos ya no respondían a mi corazón. La criatura bajo mi piel había tomado el control, y de mis labios solo brotaba el eco de una condena.
Esta no es una historia de héroes, sino la memoria de una profecía. Porque cuando los secretos de la sangre se vuelven demasiado pesados para el alma, solo quedan dos caminos: permitir que la oscuridad destruya todo a su paso... o aprender a gobernar desde el infierno.