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La vieja Eridu estaba condenada mucho antes de que sus habitantes lo supieran.
Mientras la ciudad continuaba con su vida cotidiana, una Guerra del Santo Grial se acercaba silenciosamente a su final. Masters y Servants desaparecían uno tras otro, dejando tras de sí únicamente ruinas, secretos y el deseo de alcanzar un milagro.
Pero entonces Caster descubrió algo que jamás debió tocar.
El Éter.
Una energía completamente ajena al maná, capaz de deformar la materia, alterar seres vivos y reaccionar de formas que ni siquiera la hechicería podía comprender por completo.
Para Gilles de Rais, aquello no fue una advertencia.
Fue una oportunidad.
Sus experimentos terminarían alterando las propias reglas de la Guerra, contaminando el sistema del Santo Grial y provocando una anomalía que amenazaba con extenderse mucho más allá del ritual.
Ante una situación que ya no podía controlar, el Grial tomó una decisión excepcional.
Invocar un árbitro.
Un Servant sin Master.
Un rey que jamás aceptaría estar bajo las órdenes de nadie.
Gilgamesh.
Invocado bajo la clase Ruler y adaptado a un mundo dominado por Cavidades y Éter, el Rey de los Héroes deberá descubrir qué está ocurriendo realmente en Eridu.
Sin embargo, corregir la Guerra pronto dejará de ser su mayor preocupación.
Porque cuando el maná y el Éter comiencen a mezclarse, la caída de la vieja Eridu dejará de ser una posibilidad.
Se convertirá en el comienzo de algo mucho peor.