MariaFrancescaKolbe
En el Evangelio, el fuego no es solo un elemento físico: es imagen del castigo, del dolor, de la separación, pero también -y aquí está la clave católica- una imagen que aparece porque el amor de Dios es real, y rechazarlo tiene consecuencias reales. El fuego, en lenguaje bíblico, puede expresar lo que consume, lo que purga, lo que ilumina; pero cuando se habla del destino final de los impíos, se usa como señal del castigo irrevocable (Mt 25,41) y del horror de una libertad que se cierra para siempre.