ElPerfumeDelPoeta
Un rey no debe sangrar. Un rey no debe rogar. Un rey solo debe gobernar.
Durante años, mi corazón permaneció dictado por normas, frío y distante como el invierno que rodeaba el trono. Hasta que llegaste tú, una plebeya de ojos cálidos como el café y mirada dulce, con el poder de derretir mi armadura de piedra.
Me prometiste un futuro que jamás existió; me enseñaste a sentir solo para dejarme entre las ruinas de lo que pudimos ser. Nuestras promesas se disolvieron en el aire como un arcoíris que se borra tras la tormenta, dejándonos a solas con la ceguera y la terquedad de un amor que no supo detener el tiempo.
No te odio, mi pequeña (E.T.O.I.L.E). El amor de un rey no se destruye con la traición ni se vuelve rencor vulgar solo se hace eterno en el dolor de los recuerdos.
Este cuaderno no es una condena, es mi confesión la historia del hombre que ablandaste y la corona que quedó cubierta de flores secas y nieve.
Bienvenido a los versos del corazón que aprendió a sentir... y la historia de cómo aprendió a sangrar.
DEDICATORIA PARA MI PLEBEYA
"No te guardo rencor, mi dulce amor. Tu partida me dolerá en esta vida y en mil más, no porque me hayas hecho daño con intención, sino porque entregarte el corazón significaba dejarlo a la intemperie. Y aunque hoy sangro en el invierno de tu ausencia, jamás maldeciré el día en que decidí amarte."