ReporteCultivo
En los viñedos de zonas áridas, el suelo es un actor silencioso que define la estabilidad del sistema productivo. Lejos de ser un espacio vacío entre hileras, el interfil puede convertirse en un regulador ambiental cuando es ocupado por especies herbáceas adaptadas a la escasez de agua y a las altas temperaturas.
Algunas gramíneas nativas desarrollaron estrategias fisiológicas que les permiten reducir el consumo hídrico, mantener la fotosíntesis y fijar carbono incluso durante los meses más críticos del verano. Estas características transforman la cobertura vegetal en una herramienta para disminuir emisiones del suelo desnudo y mejorar el balance ambiental del viñedo.
Pensar el viñedo como un sistema integrado implica reconocer el valor de estas especies. En un contexto de cambio climático, el futuro de la vitivinicultura también se juega en la elección de las plantas que protegen y sostienen el suelo.