NebulaViajera
Álex perdió la vista a los veintidós años, cuando ya creía saber quién era y qué quería de la vida. Años después, ha aprendido a moverse por el mundo sin necesitar que nadie lo haga por él. Tiene su propia rutina, su carrera, su cámara, su bastón y una independencia que protege con uñas y dientes.
Hasta que aparece Sofía.
Ella no intenta salvarlo, ni tratarlo como alguien frágil. Al principio ni siquiera sabe cómo acercarse a él. Pero entre discusiones, descripciones a media voz, noches de trabajo, viajes, cámaras, un piso compartido y pequeños gestos que empiezan a significarlo todo, ambos terminan descubriendo algo que ninguno esperaba:
que también se puede aprender a mirar a alguien sin haber visto nunca su rostro.
Porque enamorarse de Sofía significa enfrentarse a una pregunta que Álex nunca se había atrevido a hacerse:
¿cómo amas a alguien cuya cara jamás podrás recordar?
Y mientras él aprende a reconocerla por su voz, sus manos, su risa y la forma en que pronuncia su nombre, Sofía aprende que amar a Álex no significa caminar por él.
Significa aprender a caminar a su lado.